Okey, había estado pateando esta entrada desde la semana pasada. Primero porque no tenía un tema original sobre el que pudiera hablar, que hiciera a mis lectores (si es que aun existen) exclamar: “Ooooh! que genio creativo que es este cabro!. Después, me sentía muy mal (emo) para escribir algo decente, por lo que lo puspuse, otra vez. Hablando con mi querido Gabito, llegué a la conclusión de que habiendo pasado por todas las emociones posibles durante esos dias (si, estoy hecho una perra menstruante a nivel mental), mi esperada salida del sábado me daría el complemento perfecto para armar un topic decente, entretenido, e ideal para palear el aburrimiento: porque hey, sería una salida perfecta.
Y lo fue, salimos a fantasilandia con varios amigos foreros, y lo pasamos genial (
), luego el after bien bebido y conversado…y bueno, you already know (Auspicio de F., inmortalizado en ElSexyLadodelaFuerza ). Como mis fieles amigos podrán saber, todo gira en torno a eso, pero esta vez él pasa un poquito a segundo plano. Podría explayarme unas buenas líneas sobre lo que me pasa con el sujeto en cuestión, de como me caga el hecho de decir hasta por los codos que no lo pescaré, que me haré el duro, y que cuando lo vea me vaya al carajo y le siga el juego babeando como el perro de Pavlov. Pero no lo haré. No porque no quiera, sino porque ya no tiene sentido.
De partida, tengo que deshacerme del sentimiento.
Gabito me sugirió la posibilidad de darle una segunda oportunidad considerando lo cagado que estoy. Y lo considere, y pensé llevarlo a cabo, dejándome seducir sin cargo de conciencia. Pero al ver la dinámica ese día, me di cuenta de algo. Algo importante. Y es que mi mente me juega tretas sucias. Me hace pensar que soy especial, y lo soy; me hace pensar que si se interesa en mí, y es verdad, se preocupa de mí (eso creo); y me hizo pensar que podría haber pasado algo más, porque me trataba de una manera poco convencional, pero ahi cayó todo: Soy especial para él, pero no más que un puñado de gente en la misma situación. Sí, somos amigos…eso, sólo eso. Y todo lo que pasó (a excepción de la primera vez), fue nada más que una seña de amistad, que fue tremendamente malinterpretada por mí, por culpa de -y gracias a- la primera vez.
Creo que la matriz de este problema no va por el rosario de situaciones que usualmente afectarían mi persona, mis constantes bajones de autoestima, mi adolescencia emocional innata, etc…
Creo que no estoy acostumbrado a demostraciones físicas de afecto, por considerarlas algo comprometedoras… aunque en este preciso punto, ya no sé cual es el puto problema.
Como sabiamente dijo mi querida Chabi, junto a mi querida Luz, en nuestra cita grupal con John Collins ayer:
“Mala a la primera, culpa suya
Mala a la segunda, culpa mía”